Llevando el perdón

Penal de San Martín, Unidad 48, Pabellón 8. Un viernes de calor, durante el rezo del Rosario con los Espartanos, por pura casualidad me senté al lado de Bauti (voluntario de 18 años) y de Jorgito (privado de su libertad). La conversación ya estaba empezada,Bauti le proponía a Jorgito llevar una carta a su víctima, en esta carta Jorgito expresaba su pedido de perdón por el delito que había cometido y por el mal momento que les había hecho pasar. Él estaba muy arrepentido y como parte de su proceso de cambio y reconversión, el pedir perdón era muy importante. Bauti se ofrecía a encontrar la dirección de la casa y a llevarle la carta, a lo que yo sin dudarlo, también me ofrecí a acompañarlo en esa misión tan noble.

Días después pase a buscar a Bauti por la estación de tren de Martínez y nos dirigimos al barrio La Lucila, el corazón latía fuerte, nos miramos y me di cuenta que iba muy despacio, como queriendo retrasar la llegada… los dos callados nerviosos y también emocionados Estacionamos despacito como en una temporalidad detenida, parecía como que íbamos a hacer algo malo, los dos tardando en salir del auto. Bauti me dió la carta y me dijo “toca timbre vos”… Caminamos juntos hasta la puerta, y el miedo cada vez era más grande, pensé (¿y si nos dice que nos vayamos? ¿si se enoja?). Tomé coraje y toqué el timbre esperando un desenlace inmediato, esperando que el hombre esté ahí en su casa y que podamos entregar la carta. Pero nada, nadie respondió, toqué otra vez, y después de un rato, otra vez más y nada… se calmaron los nervios, nos miramos y dijimos: “qué lástima”. Dimos la vuelta para irnos al auto y a los pocos metros escuchamos un “Ey ¿Ustedes tocaban el timbre? Es que no anda por eso no atendí, ¿en que los puedo ayudar?”. Era un señor con gesto amable con una mirada franca, de unos 75 años de edad, me pare enfrente y le dije “le vengo a traer una carta de Jorge para pedirle perdón por el hecho que ocurrió hace unos años aquí en su casa…”. Me miró con sorpresa y emoción a la vez, “¿en serio? No puede ser… ¡qué increíble!”, nos contó el hecho, una vivencia muy dura y fea, con violencia y a su pobre esposa le había tocado la peor parte. Nos agradeció mucho el haber ido. En eso se asoma su mujer por la puerta y él le grita “¡vieja no vas a poder creer, no sabés lo lindo que tengo para contarte!” la charla siguió, le contamos lo que hace la Fundación Espartanos y él nos contó de sus hijos, donde vive cada uno y sus profesiones. Fue una charla muy emocionante, en la que Jorgito pudo hacer llegar su pedido de perdón y nosotros pudimos tender el puente… Estoy convencido que el cambio es posible, y que todos nos merecemos una segunda oportunidad.

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